Es una pena que no me acuerde de cómo se llamaba aquel becario. Era alto, pelo al cero. Llenábamos los tiempos muertos del trabajo hablando de series. Me dijo que había una serie nueva en Estados Unidos que me iba a gustar. Si ahora me encontrara con aquel becario, le daría mil gracias de cien maneras distintas.
En aquella época yo usaba la mula y encontré seis episodios de esa serie. Cuando los repasé para asegurarme de que no era porno, veía siempre a gente en un avión, sufriendo turbulencias muy violentas. Pensé que estaban mal numerados y que me estaba bajando siempre el mismo. Qué lástima de chica. Cuando me aseguré de que no era el mismo episodio y empecé a ver la serie con Charlie (mi chico, todavía no se me ha aparecido ningún difunto) sólo recuerdo que se nos rompieron las mandíbulas de las bocas tan abiertas que nos dejó el primer episodio.
Decir que Lost me ha cambiado la vida podría parecer exagerado. Pero, desde luego, ha cambiado mis rutinas, mi ocio, mi forma de ver la televisión. Con ella he aprendido muchas cosas como guionista. Estoy segura de que mi devoción por ella me ha acercado a muchas personas y puede que también me haya alejado de otras. Con Lost he redescubierto lo divertido que es ser fan. De no ser por Lost seguramente no habría empezado a buscar entre las novedades norteamericanas cada septiembre y no habría descubierto grandes series. O al menos las habría descubierto tiempo después, en formato 3:4, dobladas por amateurs, con cortes de publicidad exasperantes y a horas intempestivas en cualquier canal de televisión en abierto.
Así que a una serie a la que le debo tantos cambios y tanta diversión, no podía despedirla sin más. Se merecía que la homenajeara como se merece, con un segundo visionado, esta vez con calidad de dvd (legal por cierto) que terminara justo cuando se empiece a emitir su sexta temporada en Estados Unidos.
Pero también he de confesar que también me ha movido una segunda intención: descubrir los trucos de los guionistas. Hace tiempo que no me da por elaborar teorías sobre la isla. Hay mucha gente que ya se ha dedicado a eso de manera muy profesional. Algunas de las teorías que he leído me han producido tal esguince cerebral que hace tiempo que han dejado de interesarme. La respuesta a todos los misterios no puede ser tan complicada. Lost es una serie de una cadena generalista que, aunque arrastra a mucho freakie, no puede permitirse el lujo de dar respuestas que necesiten de gráficos y fórmulas para comprenderse. Por otro lado, tampoco quiero deducir la verdad en este segundo visionado. Sería demasiado fácil. Lo que me divierte es ir desgajando pequeñas cosas y que ellos me muestren el meollo cuando “el destino” se cumpla.
Es como una apuesta que hago a ciegas. Si cuando se termine la sexta temporada, tenía razón en algunas de estas cosas, estaré orgullosa. Puede que algunas de mis “apuestas” ya hayan sido confirmadas por los productores ejecutivos o guionistas. Ya he comentado que hace tiempo que no me meto a fondo en toda la información que circula por Internet. En cualquier caso, si no he acertado, sí que estoy sacando algo, la diversión que me está produciendo el proceso.
Esta es mi primera apuesta: Los otros son un McGuffin.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario